viernes 10 de julio de 2009

Impuesto a la coima

El grupo californiano Marijuana Policy Project propuso una fórmula infalible para solucionar el déficit crónico de California: legalizar la marihuana.
La iniciativa se hizo pública a través de una publicidad televisiva que mostraba a una mujer, Nadene Herndon, que consume la droga luego de sufrir una serie de derrames hace tres años. En el spot ella decía: "En lugar de que nos traten como criminales (a los consumidores) por usar una sustancia menos dañina que el alcohol, queremos pagar lo que nos corresponde".
La idea, por extraña que parezca, no resulta tan irrisoria si se tiene en cuenta que un impuesto sobre la buena yerba permitiría a California recaudar la friolera de 1.000 millones de dólares anuales. Con ese monto, la provincia más poderosa del mundo resolvería su déficit en un santiamén.
Pero el concepto de cobrar impuestos no convencionales no es nuevo. El especialista en economía Miguel Ángel de los Santos Aires Martinetti propuso en la Argentina otro tipo de planteo, que por diferente no deja de ser similar.
En una carta enviada al Congreso, Martinetti ideó una serie de gravámenes sobre determinadas costumbres argentinas. A saber:
La coima: el primer párrafo del proyecto planteaba regular el cobro de coimas. Es decir, blanquearlo. Martinetti decía que el Estado debía aprovechar la inusual tendencia argentina a no respetar las leyes y crear una ley al respecto.
De acuerdo al texto, cada trabajador que se desempeñara en cargos de control de cualquier tipo debería adquirir por una módica suma un talonario especial, dedicado a las coimas. Al mismo tiempo, tendría que anotarse en un registro de coimeros discriminado por rango, tipo y ocupación.
Por ejemplo, si el ciudadano era un inspector municipal de espectáculos públicos, entonces debería inscribirse en el registro “coimeros espectaculares”, describir en su facturero cada vez que cobraba una coima y, una vez por año, declararlo ante la AFIP. Así, sostenía el especialista, el hombre blanquearía su irremediable tendencia a cobrar bajo la manga, no correría riesgos de ser castigado por ello y hasta podría competir, para fomentar la práctica en blanco, por un sorteo mensual de una moto scooter, de esas que hacen ruiditos cuando doblan, y un grabador MP3 portátil para registrar cada coima, en caso de que a alguien se una auditoría revise sus facturas.
La queja: otro aspecto del documento de Martinetti contemplaba la queja. La idea consistía en registrar legalmente una serie de frases quejosas típicamente argentinas y percibir un monto determinado previamente cada vez que una persona pronunciara cualquiera de ellas. Así, por ejemplo, podría registrarse la nunca bien ponderada “este es un país de mierda”, o “a los argentinos no les gusta trabajar”, o “estos negros de mierda sólo saben vivir de la teta del Estado” y cobrar por ellas.
El contralor se aplicaría a través de inspectores oyentes que saldrían a la calle y cada vez que escuchen alguna de estas frases percibirían de inmediato esta especie de multa al pobre desgraciado. Si el infractor decidiera no pagar, entonces arreglaría la correspondiente coima con el inspector, que estaría registrada debidamente, y todos felices.
El mecanismo tendría una doble ventaja, sostenía el especialista, porque obligaría a los puteadores a inventar nuevas frases para quejarse y así permitiría un aprendizaje más acabado del idioma y fomentaría el ingenio.
El proyecto de Martinetti contemplaba unas cuarenta posibilidades para ampliar la gama impositiva argentina, pero lamentablemente no fue tomado en cuenta. Poco después de presentar su iniciativa, un funcionario gubernamental le ofreció una buena cantidad de dinero que el economista aceptó y, tras pronunciar la frase “este es un país de mierda”, se fue a vivir a Europa, en donde comenzó a limpiar la mugre de los garages a los españoles y amasó una fortuna.

miércoles 24 de junio de 2009

El show de la impostura

El estadounidense Thomas Parkin fue acusado de cobrar durante seis años la jubilación de su madre, quien ya había fallecido, mediante un sencillo ardid: se disfrazaba de vieja, acudía al banco y recibía el cheque. Así de fácil. Claro que la mentira tiene patas cortas y este buen hombre se emocionó con su impostura y se presentó ante un juzgado, con su disfraz, convencido de que engañaría a cualquiera.
Sin embargo, la posibilidad de cometer semejante ardid, combinada con las magníficas caracterizaciones de Gran Cuñado (el programa es una porquería, pero los tipos son buenos imitadores, hay que admitirlo) y el recuerdo de una película, Misión Imposible, me llevaron a una deducción, que no por alocada o conspiracionista puede dejar de tener razón. ¿Qué si los políticos que votaremos el 28 son otros políticos disfrazados y las ideas repetidas que escuchamos son pronunciadas por los mismos dirigentes que se postularon en otras oportunidades sólo que ahora están tan desprestigiados que debieron acudir a un disfraz?
Todavía recuerdo a Tom Cruise con la cara de Jon Voight en el filme de Brian de Palma y me asusto al pensar que esta estrategia podría repetirse en la Argentina. Porque, tranquilamente, el Mauricio Macri que abogó por las privatizaciones en un programa político podría ser Carlos Menem, o peor, Domingo Cavallo. Pensemos que comparten ojos claros. Y si bien Cavallo está notablemente más pasado de peso que el atlético Macri, bien podría haberse puesto a un severo régimen al estilo Renée Zellwegger en El diario de Bridget Jones, pero al revés.
Tranquilamente, cuando De Narváez está sentado (porque de pie es demasiado alto), podría ser el propio Menem. Si el ex presidente nos hizo creer que un lifting era una avispa, bien nos puede hacer creer que una verruga es un tatuaje en el cuello.
Qué decir de Lilita Carrió, la impoluta dirigente que cuestionaba al poder hace unos años hoy aplaude al campo, está con Prat Gay y charla con Dios por las noches. Por qué no puede ser Graciela Fernández Meijide, me pregunto, que regresó a la política por una justa revancha.
En Córdoba, estoy casi convencido de que José Manuel de la Sota se quitó el quincho y se disfrazó de Eduardo Mondino. Dicen prácticamente lo mismo y hasta se pelean con Luis Juez, quien para mí es la imagen oculta detrás de Piñón Fijo.
En fin, la idea no es sumar confusión al quilombo general, sino tirar un poco la cadena en esta tormenta de bosta.
Y si nadie cree la teoría de los disfraces, mejor tomar la metáfora: si no se disfrazan, entonces la impostura se cierne sobre sus discursos, sus ideas y sus prácticas.

miércoles 10 de junio de 2009

Difusoras de boludez

A veces las mujeres se quejan, con razón, del machismo imperante en el mundo. Estudios reconocidos y serios confirman esta teoría, por ejemplo en relación a las posibilidades laborales. Está comprobado que las mujeres ganan menos dinero que los hombres y que, todavía, no tienen acceso a los puestos más importantes de las compañías pese a estar calificadas para ello.
Esta situación es permanentemente denunciada por movimientos feministas que buscan con fundamentos una reivindicación para la mujer. Sin embargo, en algunos casos comenten un error estratégico al individualizar al hombre como el único agente responsable de su situación y pierden de vista a ciertos elementos infiltrados que reducen el papel de la mujer. Estamos hablando de las boludas, pero no de las boludas comunes y corrientes, pues está claro que la boludez es una característica que no respeta razas, nacionalidades, credos y mucho menos sexo. Sabemos que la boludez está en todas partes, y desde este punto de vista las boludas no deberían ser peligrosas, salvo que estén en los medios de comunicación.
Y aquí está el quid de la cuestión. Porque estas boludas no sólo son boludas, sino que contagian de boludez a otras mujeres, generando un peligroso efecto dominó para el feminismo.
Programas de TV, páginas de Internet, suplementos gráficos, prácticamente todo sector mediático especializado en la mujer es una verdadera oda a la boludez. Les enseñan a hacer crochet, a cocinar, a lavar la ropa, a hacer elefantitos con corchos usados en la despedida de soltero de su marido, a planear su boda católica apostólica romana, a tejer mantitas para que su Golden retriever pueda dormir en paz. En fin, les enseñan a ser boludas. Y no porque las actividades mencionadas sean un canal directo a la boludez, sino porque las transmisoras de boludez pretenden resumir el mundo de la mujer a actividades de este tipo. Como si el intelecto fuese una cosa que no se encuentra en el cerebro femenino.
Sin ir más lejos, una nota de yahoo mujer publicada hoy aporta consejos a la mujer para que se “desconecte de la realidad”. La iluminada redactora explica que existen tres puntos de conexión, que impiden a la mujer resolver cuestiones como “estar más atentos a nuestros deseos, inquietudes, necesidades”, o “conocernos y respetarnos”. También alerta que la mujer debería fomentar “el contacto interpersonal”, para lo cual “un mail a la semana no alcanza”, sino que es necesario “estar presente en la vida de quienes queremos, escuchar su voz, ver sus sonrisas, prestar atención a lo que tienen para decirnos y abrirnos a lo que tengan para compartir con nosotros”. Por último, este verdadero canto a la boludez, esta perfecta semblanza de obviedades, sugiere a la mujer que revise su relación con Dios. “¿Crees que tu conexión con Dios es la mejor que puedes tener? ¿Ocupa en tu vida el lugar que debería? ¿Haces algo de lo posible para ser mejor persona y sentirte más cerca?”.
En fin, a aquellas mujeres que luchan por sus derechos, les digo: hagan una pira, bien alta y abundante, y tiren a todas las boludas que trabajan de difusoras de la boludez.
Si aceptan a un hombre entre ustedes, juro que las ayudo.

viernes 20 de marzo de 2009

El bendito cartelito

Los comercios muestran imágenes tan maravillosas como contradictorias. Sólo basta observar con detenimiento y estar bien, pero bien al pedo, lo admito.
Estaba en Lima entrando a Starbucks para pedir un café negro, sí, aunque parezca increíble, tomé un café negro en ese lugar que te lo venden con moka, miel, canela y hasta una pizca de salsa parmesana si querés. Volviendo al tema, me dirigía hacia la barra para comprar mi bebida y observé con agradecimiento cómo una empresa se preocupa por el cliente: “en Starbucks nos preocupamos por tu seguridad”, decía sin más un cartel en la entrada al local, que seguía al lobbie desamparado de fumadores. Para completar la imagen, un guardia se encontraba parado justo al lado del cartelito. Ninguna casualidad.
Sin embargo, y ete aquí el dato curioso, cuando me senté en la mesa, con mi extraño café negro y regocijado porque me encontraba en una empresa del primer mundo, di con otro cartelito, en forma de triangulo y, por supuesto, muchísimo más pequeño, que sugería al estimado cliente: “cuida tus objetos personales”.
Lamentablemente, no pude comprender la paradoja. Me sentí engañado en mis foros más internos. Decepcionado. ¿Ahora resulta que las empresas del primer mundo protegen tu seguridad sólo si estás parado al lado del guardia leyendo el cartelito? ¿Qué, la seguridad tiene un metro a la redonda?
La verdad, no sé, pero por las dudas dejé mi bolso en la silla de enfrente con la certeza de que si algún despistado tenía la mala idea de robarlo se llevaría la inmensa decepción de hallar dentro un libro y dos lapiceras.
Mientras dibujaba una leve sonrisa, pensé: “al fin y al cabo, no tener un mango no está tan mal”.

domingo 8 de marzo de 2009

Promesas sobre el bidet

El Día Internacional de la Mujer usualmente es entendido por el hombre como la oportunidad ideal para redimirse luego de un mal año. Un saludo, un beso, alguna promesa especial y, nosotros, pensamos que es suficiente, por lo menos hasta la próxima fecha de importancia (cumpleaños, aniversarios, etcétera). Sin embargo, existen las excepciones. Hay hombres que, en un admirable gesto de grandeza, prometen hasta lo imposible para recuperar la confianza de su amada. Hablo de profundos cambios de conducta e incluso de filosofías de vida. Hablo de literalmente transformarse en alguien más, en alguien distinto, simplemente para dibujar una sonrisa en el rostro de una mujer. De todos estos hombres, ninguno como el que escribió este graffiti, ¡esas son promesas!

lunes 2 de marzo de 2009

Pena de muerte

El avispero farandulesco (que más bien es un nido de víboras) y periodístico se regocijó por el dolor de Susana Giménez, quien tras la pérdida de un íntimo amigo pidió a los gritos la pena de muerte para los asesinos. Inmediatamente, viejas con ruleros, hombres de traje y decentes trabajadores se sumaron a un reclamo masivo: muerte para los asesinos.
Sin embargo, no tuvieron en cuenta que ellos mismos, y todos nosotros, podríamos ir presos si se votara una ley de ese estilo. Hagamos de cuenta que la Argentina vota efectivamente la pena capital para los homicidas. La norma, imagino rápidamente, diría que si en un juicio se demuestra que una persona mató a otra, la primera deberá ser sometida a una inyección letal, por ejemplo.
La ley echaría andar y las viejas con ruleros, los hombres de traje y los decentes trabajadores saldrían a las calles a celebrar su victoria, puesto que las autoridades por fin escucharon el pedido del ciudadano decente. La gente como uno.
Pero supongamos que luego de ejecutar a una persona acusada de asesinato caemos en la cuenta de que era inocente. En este caso, entonces, el juez que falló en contra del desgraciado, el fiscal que realizó la acusación y el policía que estuvo a cargo de la investigación del hecho deberían ser acusados de homicidio y, por lo tanto, condenados a la pena capital.
Y como el juez, el fiscal y el policía son empleados estatales, es decir, es el Estado el que le paga el sueldo, entonces todos los integrantes del Estado deberían ser juzgados como partícipes necesarios del asesinato. Porque si el Estado no les pagase el sueldo a estos incompetentes, entonces no se habría asesinado a un inocente. Y, pregunta retórica, ¿quiénes componen el Estado? Todos los ciudadanos de un país. Por lo tanto, los 40 millones de argentinos deberían ser juzgados y condenados a cárcel como partícipes necesarios de un asesinato.
Complicado, ¿no?

miércoles 4 de febrero de 2009

Linda por dentro

El sector para fumadores de Mc’Donalds en Lima es más humilde que el de Sturbucks, que se ubica apenas a unos metros. Sólo cuatro mesas echadas a su suerte en la intemperie y cada una de ellas abrigadas sólo por una sombrilla.
El sabor del café y su aspecto me hacen extrañar cada vez más a los bares de Córdoba, que no pertenecen a ninguna marca multinacional, sino que son míos. O al menos es lo que siento cuando estoy en ellos. Sin embargo, no estoy hablando tanto de una cuestión de principios como de comodidad. Sencillamente, los bares de Córdoba son más cómodos.
Detrás del vidrio que separa a los impíos fumadores del aire puro que respiran aquellos que no morirán de cáncer al pulmón, una mujer lee una especie de tríptico con poca pericia, pues mueve sus labios al compás de las palabras. Pese a ese pequeño detalle, su aspecto es el de una intelectual. Pelo castaño y ondulado sostenido por una vincha marrón; cara redonda y ojos tristes, escudados por unos lentes finos, y ropas amplias que pretenden ocultar algunos kilos de más.
Sus movimientos abruptos y la forma en que alza la vista cada vez que alguien pasa cerca suyo revelan un carácter ansioso y, por sobretodo, inseguro.
Aunque pretende leer con atención, no puede disimular la desazón que penetra su alma como la aguja de un bencetacil la piel por la opción que eligió para su vida: el conocimiento. El camino del saber supone cierta indiferencia sobre cuestiones más banales como el aspecto estrictamente exterior. Ella lo sabe, pero no puede evitar cierto remordimiento por la incongruencia de un mundo que premia a la belleza física por sobre la espiritual.
“No me importa el exterior”, repiten millones de personas que jamás estarían dispuestas a besar a una persona físicamente fea, al menos para los estándares de belleza.
Ella lo sabe. Y por eso, muy en su interior, saluda su valentía por tomar el camino más arduo pero más satisfactorio. Y respira con alivio, porque al fin y al cabo, su alma es bondadosa.

martes 13 de enero de 2009

Sencillamente, suerte

La vida nos enseñó que la suerte definitivamente existe. Los refutadores de historias muchas veces pretendieron convencernos de lo contrario, pero jamás podrán con la cruda realidad. Sencillamente, algunos tipos tienen suerte y otros no.
Unos juegan a la quiniela una vez en su vida y la ganan, y otros se la pasan apostando al 48 y el maldito número sale el día que se engriparon y no pudieron ir a la agencia a comprar su ticket.
No se trata de destino. Tampoco de un Dios que nos juzga de acuerdo a nuestros actos y obra en consecuencia, siempre respetando el libre albedrío, claro está, pero con alguna ayudita mientras tanto para guiar nuestro camino. Señores, estamos hablando de suerte. Culo, tuje, upite, fortuna, ojete, okote, tarro, buena estrella y todas las formas imaginables de llamarla, muchas de ellas relacionadas con la parte trasera del cuerpo humano.
Es sencillo. Muchos podrían haber hecho la jugada de Maradona a los ingleses. Sólo que al resto, los que no son Maradona, les habrían tapado el tiro del final. Si cualquier hijo de vecino hubiese pintado la Gioconda, y no Da Vinci, estaríamos ante una bigotuda que jamás habría pasado a la historia.
Pero nadie, repito, nadie tiene tanta mala suerte como los ladrones de un cargamento de zapatillas en el Mercado Modelo de Huancayo, en Perú. Con sólo imaginarlo, se me ponen los pelos de punta.
Los tipos seguramente planearon el robo durante meses. Estudiaron cada detalle para no caer durante el atraco y se expusieron a muchos años de cárcel por robo a mano armada. El golpe indicaba que debían esperar a que los empleados de la empresa transportadora descarguen la mercadería: 600 pares de calzado valuados en unos 20.000 dólares. Y lo hicieron a la perfección. En cuestión de minutos, tenían todo el cargamento en su poder.
El único problema fue que se trataba de zapatillas para el pie izquierdo. Sí, aunque nadie lo crea, todos los calzados estaban viudos de sus compañeros. Es decir, los 600 del pie derecho.
Hay que admitirlo, como dice mi amigo Javier, hay tipos que se caen de espalda y se quiebran el pito.

lunes 15 de diciembre de 2008

Flaca pero narigona

Con la descripción de Estados Unidos, el genial profesor británico John Hardsword había iniciado una nueva era en el análisis geopolítico, a través nada menos que de la humanización de la estructura geográfica de un país. Pese a la falta de reconocimiento, Hardsword se sintió orgulloso de su trabajo e incluso continuó desarrollando nuevos análisis a su estudio.
Alguna vez se ocupó de la Argentina, y afirmó lo siguiente:
“La Argentina es un país bastante grande, que lo tiene todo. Su problema es que se comporta como las mujeres lindas o los futbolistas talentosos: saben que lo tiene todo y por lo tanto se preocupan poco por mejorar su calidad de vida.
La Argentina tiene una figura delgada, pues se preocupa mucho por su imagen. Tanto que suele imitar a otros países, especialmente en el peinado. Posee un jopo (Misiones) similar al de Estados Unidos, quizá para imitar a uno de sus ídolos. Sin embargo, no copia la gordura del país del norte. En ese aspecto mantiene su fina línea como ningún otro en el mundo.
Si fuese hombre seguramente sería el más lindo, pero el más frívolo con una tendencia irremediable hacia la mentira. Al menos así lo demuestra su gran nariz (Buenos Aires), en una especie de destino pinochesco irremediable.
Su falta de estabilidad es otro problema grave. Pese a su delgadez, la Argentina posee un físico imponente, pero su piecito es demasiado pequeño, por lo que no es difícil adivinar que pierde fácilmente la estabilidad”.

Más adelante, continuaremos con los brillantes trabajos de John Hardsword, un intelectual que se animó a romper las barreras de la lógica para ofrecer una explicación del mundo más o menos coherente.

miércoles 3 de diciembre de 2008

Confidente

Starbucks Café diagramó una ingeniosa antesala para burlar la ley que impide fumar en espacios cerrados. La antesala, visiblemente más ancha que larga, está rodeada por ventanales sobre los cuales reposa un inmenso toldo verde, cuyo fin consiste en proteger a los fumadores de las inclemencias del tiempo.
En la primera mesa, junto a la puerta de ingreso, dos mujeres comparten una charla a pura agua mineral y jugo de naranja.
La joven de cabello negro levemente rizado y campera de jean, habla y gesticula mientras su amiga la escucha atentamente. No me hace falta conocerlas para adivinar que son amigas cercanas. Seguramente, la morocha citó a su compañera para desahogarse sobre algún tema que anula su alma. Evidentemente algo le ha sucedido y necesita contarlo a su confidente, quién sino su mejor amiga.
La otra joven, de ojos pequeños y comprensivos, escucha atentamente y, cada tanto, expresa alguna consideración a modo de consejo.
Siempre odié los consejos, pero en estos casos son inevitables. La tragedia del amigo-oyente consiste en que su confesor haga caso a sus consejos y que el problema no sea resuelto.

martes 4 de noviembre de 2008

¡Qué te pasó Bernardo!

El canciller francés Bernard Kouchner publicó una biografía en la que admite haber querido golpear, literalmente, al líder cubano Fidel Castro. Kouchner confesó que tuvo "ganas de romper la cara" de Castro hace 44 años, porque el cubano quería a la mujer con la que él terminó casándose. La revelación surgió de una biografía sobre el diplomático y fundador de Médicos sin Fronteras realizada por Michel Antoine Burnier.
Burnier cuenta que en 1964 el actual canciller vio mal la relación entre su futura esposa, Evelyne Pisier, y Fidel en un viaje a Cuba en julio de 1964. "Una noche, una decena de franceses fueron a divertirse a una discoteca", escribe el autor de su biografía. "Bernard y Evelyne bailaban una canción lenta. Ella guardó sus sentimientos del primer día, él estaba emocionado. Bruscamente, las luces se apagaron. Castro entró con su escolta. Estaba furioso al ver a Evelyne en los brazos de Bernard. (...) Al final, Castro partió con Evelyne, como una forma de marcar su poder".
Antes semejante avasallamiento, cualquier habría querido bajarle los dientes al entonces presidente de Cuba. Sin embargo, el dato más llamativo no guarda relación con la anécdota en sí misma, sino con las palabras del propio Kourchner sobre el tema. “Para mi generación, en 1964, Cuba era un modelo socialista aceptable. Yo tenía 25 años y Fidel Castro era un héroe absoluto", cuenta el jefe de la diplomacia francesa, añadiendo que "eso no era razón para que yo no tuviera ganas de romper la cara a un rival".
Lo llamativo de esta furiosa proclama se refiere puntualmente a la presunta admiración de Kourchner sobre el sistema cubano. Es decir, hace 44 años, el actual canciller del ultraderechista Nicolas Sarkozy, el tipo que amenazó a Irán con ir a la guerra, el mismo que avala las políticas agresivas contra los inmigrantes, admiraba a un gobierno de izquierda. Pero eso no es todo, casi 20 años después fundó Médicos sin Fronteras con una inocente premisa: llevar la salud occidental a los lugares más desprotegidos. Cuestión de dialéctica o de principios, hoy pretende llevar las armas occidentales a enemigos ficticios.
El mundo cambia. Y la gente, también.

jueves 16 de octubre de 2008

Sacrificio

Paco se paró sobre la punta de la mesa y observó lentamente a cada uno de los comensales. Prácticamente todos sus seres queridos estaban sentados delante suyo en esa habitación larga y rectangular, adornada sólo con algunas fotos de Pablito, su hijo, en las blancas paredes.

Los observó con melancolía; sabía que le quedaban apenas unos minutos por delante y debía explicarles el motivo de esa reunión. Los había invitado con insistencia pero ocultando las verdaderas razones. Y como si todos supiesen algún secreto, no había un clima festivo en ese comedor. Parecía una especie de funeral, en el cual los reencuentros y las anécdotas coinciden cruelmente con el dolor que los trajo.

Él sólo se quedó mirando hasta que sus invitados finalmente le prestaron atención. Con paciencia, esperó a que se generara un absoluto silencio y recién después habló:

-Amigos, como todos saben, mi hijo se está debatiendo entre la vida y la muerte- señaló con un dolor que le atravesaba la garganta. Mas necesitaba firmeza porque era el momento más importante de su vida.

-Los médicos dijeron que necesita urgente un transplante–prosiguió-, pero no hallamos donantes. Sólo Dios y mi esposa saben lo que estoy sufriendo por su vida. Es apenas un adolescente y confío en que tiene un futuro brillante por delante. Brillante en el sentido de que puede transformarse en un hombre de bien. Sé que va a transformarse en un hombre de bien.

Paco debió dejar de hablar abruptamente porque las lágrimas le surcaban los ojos como el río destroza la piedra. Bebió un sorbo de agua y prosiguió:

-Ese es el motivo por el cual los he invitado a todos. He llegado a la encrucijada de mi vida y debo tomar una decisión urgente. Siempre dije que daría la vida por mi hijo, y ha llegado el momento, pues mis palabras jamás fueron metafóricas, sino más bien literales. Les digo a ustedes, los que me quieren, que estoy dispuesto a dar la vida por mi hijo. Y así lo haré. La ambulancia debe estar por llegar, pues la llamé hace algunos minutos. No se preocupen por nada. Los amo a todos y les agradezco por acompañarme durante todos estos años. Hicieron que mi vida fuese maravillosa. Les agradezco, sinceramente, desde lo más profundo de mi corazón.

La gente estaba muda. No terminaba de entender las palabras de Paco. De hecho, ninguno atinó a reaccionar cuando el hombre sacó un arma de su cintura y apuntó directamente a su boca.

El ruido enmudeció a todos. Nadie lloró, no hubo gritos ni desesperación. Se quedaban sentados viendo cómo el pesado cuerpo de Paco se desplomaba al suelo y la bala se llevaba parte de su humanidad hacia la pared.

A los pocos segundos, como si se tratase de una obra ensayada, llegó la ambulancia con el médico que atendía a Pablito. El doctor Fernández entró rápidamente a la casa acompañado de dos enfermeros y una camilla. Entre los tres, levantaron el cuerpo de Paco y, sin explicaciones, se lo llevaron al hospital inmediatamente. El doctor Fernández lloraba, pero no podía hablar. Sólo atinó a hacer su trabajo.

A la mañana siguiente Pablito recibió el transplante que tanto necesitaba y vivió hasta llegar a viejo.

Una vida por otra; ese es el equilibrio que mantiene en paz al universo.

 

jueves 25 de septiembre de 2008

La ingrata que se fue

La mesa se hace eterna ante mis ojos. El café posa tranquilo en la inmensidad blanca y su vapor envuelve mis sentidos con placer. Un placer minúsculo en el doloroso vacío que me invade. El cigarrillo se consume ante pitadas inconstantes pero profusas. La gente habla, grita y gesticula en silencio a mí alrededor. Mis pensamientos son como espinas que lastiman cada nervio de mi cuerpo. No puedo borrar de mi mente su espalda y su andar lejano. No logro evitar esta especie de suicidio del alma en medio de la multitud. El mundo sigue, la gente continúa con sus vidas como si nada hubiese pasado. Como si mi dolor se perdiera entre los gritos mudos de la gran ciudad. Un hombre acompaña a sus hijos; una mujer camina apurada; un anciano se sienta a descansar en la plaza y las palomas comen del pan que les tira una viejita con ojos dulces.
Y yo, ni siquiera puedo llorar.
Y ella, la turra, la causante del dolor que destrozará al mundo, se fue con el sodero. ¡Con el sodero!

lunes 22 de septiembre de 2008

Ahorran en la carcel

El ascetismo secular domina actualmente a la mayoría de los pobladores del mundo occidental. Así como antaño la obediencia absoluta se producía a un Dios determinado, hoy el ser humano se subyuga al materialismo y a la competencia que demandan el mundo actual para tener una vida más o menos como la gente. Como si se tratase de una larga carrera para tener más y mejor, la nueva fórmula de la vida feliz.
Sin embargo, hay tipos que del ascetismo secular hacen un culto ya medio exagerado y hasta se los podría catalogar de estúpidos, más que de ascetas. Magdalena Czerwinska fue sentenciada a 15 días de prisión en Alemania por un hurto menor. Se había afanado un shot de un kiosco, o algo así. La condena era evitable siempre y cuando se pagase una fianza, pero María en ese momento no llevaba dinero encima. Entonces, llamó a Max Schuster, su novio, para que le diera una mano.
Pero Schuster, el hombre de sus sueños, el amor de su vida, la persona elegida para compartir el resto de sus días, dijo que no, que prefería guardarse el dinero. Un vocero de la policía comentó al respecto: " La gente está muy preocupada por el clima financiero y hace lo que sea para no tocar sus ahorros".
Evidentemente para el bueno de Max la expresión “lo que sea” es literal. Por las dudas, si alguien lo conoce, no le presten plata y, por favor, si él los invita a cenar elijan ustedes el restaurante, andá a saber a dónde te lleva para ahorra guita.

jueves 28 de agosto de 2008

Prisionero del Cáucaso

La realidad ofrece paradojas inconcebibles. Siempre lo hizo, sólo que ahora, tecnología mediante, la fortaleza del archivo manda al frente hasta al más pintado. Todo, absolutamente todo en la vida pública está archivado de una forma u otra. Creo que, por tal motivo, el mundo en realidad está dominado por los bibliotecólogos, quienes seguramente, en secreto, se regocijan en las mieles de su triunfo.

Pero lo que aquí me trae no es una discusión filosófica sobre el poder de la biblioteca –virtual- sino más bien sus bondades. Porque gracias a ella, con sólo enviar una pequeña orden uno puede desentrañar las conspiraciones más siniestras o las estupideces más creíbles.

En 2003, cuando la exitosa invasión a Irak ya era un hecho consumado, los cráneos de Washington se desvelaban por hallar un argumento válido –pero no sincero- que les permitiese justificar el saqueo del petróleo. Y lo hallaron en la democracia. Saddam era un dictador joputa y Estados Unidos, con sus barras y sus estrellas, llevaba la democracia en pinta a esos árabes brutos. Brutísimos. George W. Bush, el presidente, había cambiado el discurso sobre los peligros de las armas de destrucción masiva iraquíes por la exportación de un modelo democrático, justo y hasta meritocrático, en palabras de Thomas Friedman. Cinco años y un millón de civiles muertos después, la oratoria democrática aún halla sustento en el ala facha norteamericana. Un ala bastante grande por cierto.

Hace unos 15 días, el gobierno prooccidental de Georgia, convencido de que el apoyo de Estados Unidos era absoluto, atacó a sus dos regiones separatistas prorrusas: Osetia del Sur y Abjasia. ¡Pobres ingenuos! La reacción de los rusos, que son más malos que el colesterol malo, fue devastadora: en cinco días de guerra destrozaron la humilde ambición imperialista de los georgianos. Y no contentos con eso, avanzaron hacia Tbilisi (¡no Tiflis!) y Gori. Casi nada.

Desde Occidente, que a los rusos les tienen un miedo bárbaro, lanzaron una ofensiva diplomática para parar la bronca, pero Moscú ya había cumplido con su cometido al azuzar los deseos independentistas de osetios y abjasios. Punto para Rusia.

Mientras tanto, el vaquero texano continuaba con su defensa de la democracia: "el mundo ha observado con gran preocupación cómo Rusia ha invadido un Estado vecino soberano y amenazado un gobierno democráticamente elegido", una acción que es "completamente inaceptable para naciones libres". En palabras del propio Jorgito, invadir Irak es una acción democrática, aunque los iraquíes jamás les pidieron semejante acción filantrópica, pero defenderse de los georgianos es un acto antidemocrático.

Una perla más en el particular diccionario de los halcones de la Casa Blanca.